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Lo que aprendí en México

Mi esposo y yo vivimos en México este invierno y primavera mientras yo est

udiaba psicología indígena e investigaba para mi novela nueva que estará ambientada en El Chico, Hidalgo, un pueblo mágico descrito en un blog previo. Yo me esperaba aprender algunas cosas, pero nunca las lecciones tan profundas que me cambieron en formas inesperadas. Estas son mis lecciones:




La verdadera amistad dura para siempre.

Después de una ausencia de 21 años, mi familia y amigos me dieron la bienvenida con entusiasmo y con corazones abiertos. Fue como si apenas nos hubiéramos visto la semana anterior. Me demostraron que el tiempo y la distancia no pueden acabar con el amor. Los vínculos de amistad, familia y comunidad resisten al tiempo y siguen creciendo.



Algunas cosas en México están cambiando en forma positiva.

Asistí a una boda hermosa y revolucionaria de una pareja de abogados jóvenes que defienden incansablemente a personas desaparecidas en México. La ceremonia de la boda rompió estereotipos de género y celebró la diversidad en todas las formas humanas. Fue hermosa, emotiva e inspiradora.



La economía de México es sostenida por los indocumentados.

La mayoría de los trabajadores preferirían vivir en sus pueblos de origen con sus familias, pero las circunstancias económicas perpetuadas por los Estados Unidos y las corporaciones internacionales, los obligan a arriesgar sus vidas y libertad para asegurarse de que sus familias y comunidades sobrevivan y prosperen.



Necesito pocas cosas materiales.

No extraño tener agua caliente, internet, Amazon, televisión, señal telefónica, ni ir de compras. El hecho de no tener una báscula para torturarme todas las mañanas, un espejo de aumento con luz para maquillarme y ropa lujosa, ha sido liberador.



Soy más fuerte de lo que pensaba.

He superado una ola de calor, diarrea, más de cincuenta piquetes de mosquitos a la vez, caminatas de cinco horas subiendo una montaña y regresando en pleno sol.



La única manera de sanar del trauma es en comunidad.

La psicología occidental no nos puede sanar cuando las causas de nuestra angustia son pobreza, racismo, discriminación, sexismo, avaricia, falta de recursos y la forma de vida moderna. Nosotros sanamos cuando tenemos apoyo y somos acompañados, trabajando juntos para transformar las estructuras que nos hacen daño.



La felicidad no se puede alcanzar como una búsqueda individual.

Entre más la perseguimos, más se aleja. La felicidad no es un logro individual, es algo creado junto con los demás, cuando transcendemos y contribuimos al bienestar común.


Comenta que has aprendido de México.


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